jueves, 12 de diciembre de 2013

Alternativa Cultural Navideña en Madrid


 En estas fechas tan significativas no caigamos en la tentación de ir a ver una de las múltiples exposiciones gratuitas que se ofertan en nuestra ciudad. Eso es solo de gente rara y medio inadaptada socialmente... Lo que debemos hacer es ¡¡¡ir al centro comercial!!! Gastar, gastar y gastar...
 Y ahora hablando en serio, aquí dejo solo una pequeña muestra de lo que se puede hacer en una ciudad como la nuestra en navidades, de forma totalmente gratuíta -o casi-:

- Fundación Canal - Exposición fotográfica de la Agencia Magnum.
- Fundación Canal (7€) - Fernando Alonso Collection. (Si a alguien le interesa).

- Fundación Mapfre Recoletos - Exposición "España Contemporánea", fotografía, pintura y moda.
- Fundación Mapfre Recoletos - Exposición "Macchiaioli", Realismo impresionista en Italia.

- Fundación Telefónica - Exposición del fotógrafo Terry O'Neil. El rostro de las leyendas.
- Fundación Telefónica - Exposición del fotógrafo Ryoji Ikeda.

- Caixa Forum (4€) - Exposición Japonismo. La fascinación por el arte japonés.
  Además está el Caixa Forum Kids. Aprovechando la exposición de japonesismos echan un ciclo de pelis infantiles de animación los días 26, 27 y 29.

- Fundación Juan March - Surrealistas antes del surrealismo.

- Spainmedia Gallery - Henry Leutwyler. Neverland lost. Exposición fotográfica sobre las cosas de Michael Jackson, al detalle.

- Galería Cero - Exposición fotográfica "Mínimos".

- Centro Conde Duque - Hasta el 20 de diciembre "Nomadans. Cuerpo en movimiento". También "Un nuevo horizonte", exposición de arte chino contemporáneo.
  Además tienen una exposición sobre los cooperantes españoles por el mundo.

- Casa Encendida - Especial navidad "En Familia", para llevar a los niños (3€).

- El Matadero - Están representando hasta el día 15 "El Malentendido" de Albert Camus. (22€).
  Además de múltiple exposiciones gratuítas. Pero esas ya os meteis y las mirais vosotros.

Amén de mis museos Reina Sofía y Prado, que cuentan con horarios de visita gratuíta.

domingo, 24 de marzo de 2013

About Leonard Cohen



 No sé si hay algo que no se haya dicho ya de este magnético personaje, pero en la siguiente entrada vamos a intentarlo.
 Recientemente he tenido la oportunidad de leer la biografía que ha elaborado tan concienzudamente Sylvie Simmons, y ha sido un completo reenganche. Sinceramente, no pensé que me iba a encontrar todo lo que me he encontrado.
 Es un libro altamente recomendable. En general, cuando una biografía está bien llevada o el personaje es interesante, es un estilo muy fácil y ameno. Si encima el personaje ya te emocionaba antes de empezar a leerlo, disfrutas con el libro mucho más al estar felizmente sugestionado desde el principio.

 Entiendo que haya muchos escépticos que consideren que, estando familiarizados con la imagen externa que se proyecta de Leonard en las últimas décadas de hombre aparentemente tranquilo, piensen que su historia no les va a resultar atractiva. No pueden estar más equivocados.
 Este señor tan sosegado y contemplativo ahora, ha tenido su historia, como la de cualquier otro artista apasionado con su obra.
 Lógicamente, los que si pueden abstenerse de sumergirse en esta vida son todos aquellos a los que su música, su poesía, su sola presencia, y en resumen su arte, no les haya cautivado.
 Si sois capaces de escuchar la música de Leonard Cohen y no vibrar de emoción por dentro ¿qué puedo deciros? Salvo que no es la miel para la boca del asno. Y no es esnobismo, es la pura verdad.
 Por otro lado, igual la lectura de este libro es el empujoncito que os viene haciendo falta para terminar de derribar todas las barreras y conseguir al final conectar y descubrir la profundidad que hay detrás de todo lo que hace y el sentimiento que es capaz de producir.

 En cualquier caso, no os rindáis. Os animo a que lo toméis en serio y sigáis intentándolo. Al final os tocará la fibra.
 Hay veces que nuestra alma no está preparada para ciertas cosas que después, al cabo del tiempo, de repente un día nos llegan sin más.
 No perdáis la esperanza, acabareis descubriendo la grandeza de este judío-budista-canadiense, buscador incansable de sabiduría y hacedor de pura poesía.

 Retomando el tema del libro que nos ocupa, la estupenda biografía firmada por Sylvie Simmons está dotada de esa sensación de amistad y buen ambiente entre retratista y retratado. Unas páginas ideales donde perderse.
 Tal vez pueda deberse a su profunda experiencia con este tipo de escritos, -ya realizó otras memorias “musicales” de artistas como Neil Young o Serge Gainsbourg, además de haberse dedicado con éxito a la crítica musical y conocer muy bien ese mundo, llegando a conectar bien con el artista-. O simplemente se deba a su profesionalidad.  Aunque también podemos pensar que algo hay que achacarle a su condición femenina. En cualquier caso, el libro está imbuido de una enorme sensibilidad y una estrecha conexión con el protagonista.

 Por todos es sabido que al público femenino siempre nos ha costado menos entrar en conexión con el universo de Leonard. Supongo que se deberá a ese don innato que tiene para desplegar su magnetismo, el cual utiliza, supuestamente, sin quererlo ni buscarlo, dentro de su atractiva sencillez.
 Aunque tengo mis dudas sobre este punto en concreto de su conocida humildad. Ya que como él mismo ha contado en ocasiones, empezó a escribir poesía para poder ligar con las chicas.
 Como explica en el libro, en su época los poetas eran lo que los rockeros vinieron a ser después, los que tenían siempre un círculo de groupies alrededor. Y con estas mismas intenciones agarró la guitarra por primera vez, -nada que ver con el motivo que nos da sobre como su vida de escritor le llevó a tener que grabar su primer disco, con la simple intención de tener un poco de dinero para sobrevivir mientras seguía escribiendo-.

 No sabremos nunca si esto de la búsqueda de mujeres en su época de estudiantes fue de verdad lo que le impulsó en un primer momento para convertirse en lo que es, o es la historia que cuenta como parte de su gracia social, pero yo si le puedo imaginar en esos años, en el campus, como a un encantador de fieras jovencitas.
 De hecho, él mismo nos cuenta como de joven había practicado el hipnotismo.
 Igual lo que pasó después fue que llegó a perfeccionarlo y nos tiene a todos bajo su embrujo. De haber sido así, tampoco me importaría demasiado. Yo soy feliz dentro de esta ensoñación colectiva que él provoca.
 En cualquier caso, usar el atractivo del que uno haya sido dotado es de lo más normal en el mundo de la música. Pero para aguantar después cuatro décadas, ya se debe poseer algún tipo de talento más profundo que solo el aparente. Y los talentos artísticos de Leonard han sido más que demostrados en estas décadas.


 No quisiera, por otro lado, hacer creer que esta biografía es tan solo un canto a las virtudes del artista que nos presenta. Nada más lejos. Porque para que un libro biográfico sea realmente auténtico debe desnudarnos al personaje, desvelarnos lo bueno y lo malo, el ser humano en todos sus aspectos y contrariedades.
 La escritora ha sabido plasmar lo que es la esencia de este poeta y cantautor, que siempre se ha sentido más cómodo siendo tratado de escritor sin más, y servírnosla con una buena presentación.
  
 Si hablamos de las contradicciones de Leonard, lo que más me ha llamado la atención de su personalidad han sido sus reparos y su eterna huída –porque es una huída continua- del compromiso necesario para mantener una relación de pareja, sobre todo, del matrimonio y de la monogamia.
 Es un ser humano tremendamente constante. Capaz de comprometerse en cuerpo y alma con otras cosas hasta un nivel casi de asceta, –como los cinco años que pasó meditando en el monasterio de Mount Baldy con su querido maestro zen, Roshi, su temporada en la India escuchando las enseñanzas de Ramesh S. Balsekar, o las épocas en las que abrazaba el ayuno como una forma de sentirse vivo y conectado con el mundo, según explica-, pero lo de un amor para toda la vida… es algo que no ha conseguido dominar del todo.
 Tampoco dominó al principio el compromiso familiar al que se vio empujado y perdido durante un tiempo al ser padre por primera vez. No llevó nada bien lo de encontrarse finalmente sujeto por unos lazos irrompibles con otros seres humanos. Afortunadamente, con el tiempo fue capaz de asumir la paternidad con uñas y dientes y hacer auténticas locuras en ocasiones por estar cerca de sus hijos, en épocas en las que la madre de los niños no se lo puso fácil.

 El tema de las mujeres siempre ha sido otro cantar para él. La lucha más dura que ha tenido que librar es la de intentar hacer compatibles el hecho de estar con la mujer amada en cada momento con el de no renunciar nunca a su libertad. Algo que expresó muy bien en una de sus canciones más conocidas, Bird on the wire, y una de mis favoritas.

                        

 En este camino, destacan en toda la historia el nombre de dos mujeres.
 La primera con la que nos paramos –durante ocho años- es Marianne (la de la canción), con la que compartiría sus primeros años en el mundo literario, sus primeras canciones, sus largas estancias en la casita que decidió comprar en la isla de Hidra cuando aún era un joven y prometedor escritor que empezaba a despegar, y donde se ocupaba el tiempo en escribir y vivir la vida como llegase.
 Sin duda, Marianne se nos presenta en el libro como la compañera que mejor le supo entender, durante todas sus idas y venidas en los años que pasaron juntos. 

 La otra sería la madre de sus hijos, Suzanne (no confundir con la de la canción que era otra, aunque a ésta también le dedicase perlas en algún que otro verso). La muchacha a la que conocería por casualidad un día en un curso de la escuela de la Cienciología, diecisiete años más joven, y quien conseguiría, a lo largo de diez años, darle dos hijos y bajarle así un poco los pies a la tierra, aunque no por mucho tiempo. También sería la responsable de que Marianne se alejara de él definitivamente.


 Por lo demás, la lista de encuentros y desencuentros, amoríos y relaciones se amplía durante varias décadas, algunas más constructivas y creativas y otras más dañinas. Pero hay una cosa que todas las mujeres de Leonard tienen en común, que con el paso de los años ha logrado llevarse bien con todas, o al menos en el libro ninguna tiene en estos años una palabra de reproche hacia él y coinciden en que en el fondo hay que quererlo porque realmente es un encanto.
 Incluso Suzanne, que podría ser una de las que más sufrió con su relación, nos cuenta como, años después de haberse separado por las malas, volvió a descubrir en él las cualidades que habían hecho que se enamorase, al verle durante varios meses al pie de la cama de su hijo, quien estuvo a punto de morir a causa de un accidente, leyéndole pasajes de la Biblia hasta que despertó.

 Tampoco todo fueron rosas con las mujeres. Hubo algunas que se le resistieron, como la mismísima Nico, a la que estuvo cortejando durante tiempo en una de sus largas estancias en Nueva York. Pero lo único que consiguió recibir de ella fue una bofetada. Resulta increíble pensar que Nico mantuviese una relación con Bob Dylan y con Lou Reed y sin embargo fuera capaz de resistirse a los encantos de nuestro judío favorito.

 Pero sin duda el desencuentro más duro de su vida con una mujer sería el que tuvo que recibir hace solo unos años. Quién podría decirle a Leonard que tendría que sufrir el golpe más duro de su carrera de manos de una de sus más allegadas féminas, una de sus personas de mayor confianza, su agente, asesora, amiga, casi de la familia, Kelley Lynch. La mujer que durante años trabajó con él codo con codo y que durante años estuvo a su lado planeando el mayor desfalco fiscal jamás cometido contra un músico, dejándole a sus setenta años totalmente arruinado.       
  
 Aunque no hay mal que por bien no venga. Esta situación obligó a Cohen a tener que salir de gira y dar conciertos de nuevo y así algunos de nosotros hemos podido disfrutar de su presencia en directo.
 La moraleja feliz de esta historia nos la cuentan en el libro, al final en estos años Leonard ha conseguido recuperar bastante de lo que perdió mientras que su estafadora se arruinó debido a sus jugadas. Además, el hecho de no tener más remedio que volver a subirse a los escenarios a su edad le hizo obtener algo más importante. Parece ser que a los setenta ha conseguido por fin sentirse cómodo frente al público.

 
 Nos cuentan que a Leonard siempre le angustió lo de tener que cantar para un público grande. De hecho, la primera vez que tuvo que hacerlo fue de la mano de Judy Collins, cantante de la época y trampolín para jóvenes compositores, quien le invitó a subir con ella al escenario para interpretar uno de los temas que Leonard le había cedido. A mitad de canción tuvo que salir huyendo de ahí, pero después volvió y termino la interpretación, no sin tener que escapar y volver una vez más.
 Su incomodidad ante los grandes conciertos fue también uno de los motivos que le llevaron a tomar determinadas sustancias para encontrarse más a gusto (a parte del motivo principal que era la época en la que vivían, los 60’s, y de su profunda angustia vital, que solía convertirse en depresiva en algunas ocasiones).

 Un buen ejemplo de esto es su famosísima actuación en el festival de la Isla de Wight, celebrado en el verano de 1970. Un festival organizado para competir con el que tendría lugar en Woodstock, superándole en el número de asistentes, y donde al final se acabó librando una auténtica batalla campal entre la organización, el pùblico, la comunidad y las autoridades locales, ya que en esta tercera edición se desbordó por completo las previsiones de la organización y los habitantes de la isla se oponían a su celebración.
 Las autoridades no podían garantizar la seguridad del festival y en la isla hubo saqueos, trifulcas y asaltos a comercios.
 El número previsto era de unas 50.000 personas y se congregaron allí más de 600.000. Tras esta edición, no se volvería a celebrar.

 El broche a cinco días de música y desenfreno iba a ser echado el domingo por Leonard Cohen y la audiencia no sabía lo que estaba a punto de presenciar.
 El ambiente no era el más propicio ni adecuado para su música. De hecho, el día antes Kris Kristofferson, que presentaba su primer disco, tuvo que salir del escenario sin acabar la actuación cuando empezaron a lanzarle botellas y demás objetos igual de peligrosos, Joni Mitchell tuvo que interrumpir la suya para pedir a la audiencia, entre sollozos, un poco de respeto para los artistas, se prendió fuego al escenario mientras actuaban los Doors, etc.
 Todo esto, daría material al director Murray Lerner para montar el documental A Message to Love, que recoge las actuaciones de los artistas allí congregados y las locuras que acontecieron durante esos días.

 Pero el último día, como hemos dicho, la última actuación del festival corrió a cargo de Leonard Cohen. Y entonces ocurrió lo impensable. Este mismo público descontrolado se quedó clavado en su sitio contemplando en silencio la actuación del artista, obnubilados por su música.
 ¿Pudo ser tal vez uno de sus trucos de hipnotismo lo que ocurrió esa noche de festival? Es muy posible. El caso es que fue algo excepcional.
 Desde que Leonard empieza a pronunciar las primeras palabras, la historia de cuando su padre le llevó al circo de pequeño y lo que más le impactó fue ver a todo el público encender cerillas en la oscuridad, y pide al público esa noche que enciendan cerillas por él, ahí ya no se escucha más que el respirar profundo de la audiencia y los aplausos entre canción y canción. Un momento mágico. Una comunión espiritual antes del fin de una época.
 La actuación es única, como la imagen con la que se presentó Leonard al escenario. Además de ir ayudado de cierta sustancia a la que solía recurrir en aquellos años para soportar mejor su angustia, y que también pudo contribuir en gran medida a que su intervención le llegase plenamente al público.
  
 

 Así pues, los años pasaron, las giras se sucedieron, en ocasiones de manera extenuante, y Leonard siguió sin sentirse cómodo con esas experiencias. Hasta que, llegado a la plena madurez, consiguió encontrar el equilibrio y empezar por fin a sentirse bien sobre las tablas.
 Eso se ha notado en sus últimas giras. Para prueba tenemos el concierto de Londres de 2009, que se grabó y distribuyó por ser su vuelta a los escenarios, aunque aquí aún se le puede notar un poco preocupado debido a su extremo perfeccionismo.  Afortunadamente, todo este temor e inseguridad por tener que volver a actuar a su edad después de tantos años, se fue sacudiendo por el camino como el polvo de los zapatos según la gira iba avanzando y se iban confirmando nuevos conciertos, hasta que por fin, en las actuaciones que dio en 2012 le pudimos ver más fresco que una lechuga.
  Todos esperamos que este espíritu transmisor de sensaciones llegue hasta más de los 100 años por lo menos –como su maestro Roshi-, y que podamos seguir disfrutando de él por mucho tiempo, porque ¿qué podría ser del mundo sin Leonard Cohen?
 Brindemos con ellos por ello.


 En cualquier caso, siempre podremos disfrutar con sus discos y sus libros. Y con esto acabaré haciendo una recomendación. Si tras leer esta soberbia biografía y descubrir sus mejores anécdotas, tales como sus primeros años como escritor, poeta y aventurero, su visita a Cuba durante la revolución, su intento fallido de alistarse en el ejército israelí, su coincidencia con el grupo de los Beatniks en Nueva York a finales de los 50, su accidentada amistad con Phil Spector y sus venturas y desventuras en la grabación de sus discos, si aún después nos quedamos con ganas de seguir buceando en el universo de este gran personaje, recomiendo agarrar su primera novela, El juego favorito. Con ciertos tintes autobiográficos, podremos ir encontrando las continuas alusiones a su vida sin problemas, rodeadas de otras ficciones. En una prosa dotada de una gran belleza poética, protagonista de ese toque que Leonard le da a todo lo que hace.

jueves, 20 de diciembre de 2012

Un heavy gana un concurso de TV en España

 Esta mañana, además de con la niebla que nos lleva acompañando una semana, me he despertado con este titular: "España es heavy". Leed la noticia y posteriormente volved aquí que os la comento detenidamente.
.....

 A mi me parece que esto lo único que demuestra es que "España es mediocre".
 Ahora nos ha hecho gracia el melenitas, pues vamos a votarle sin ningún criterio.
 Me hicieron tragarme este programa anoche hasta que el buen muchacho cantó, porque teníamos curiosidad por ver cómo cantaba el heavy del que todo el mundo hablaba. A ver si nos íbamos a estar perdiendo al nuevo Ronnie James Dio y no nos íbamos a enterar.

 Pero ¿qué criterio se puede esperar de gente que lo más cerca que ha estado de un disco clásico de heavy metal fue aquella vez que buscando el último de Manolo García se metieron por el pasillo equivocado?
 Todo el mundo alucinado con el chico este cuando tiene una voz del montón. Si, un Michael Kiske cualquiera, pero solo eso. Y aquí se le ha dado una repercusión que parecía que estábamos ante el nacimiento del nuevo Glenn Hughes o algo parecido.

 Pero esto no ha sido por la voluntad de la gente del pueblo. Porque la gente del pueblo, de nuestro pueblo, no tiene voluntad, ni la más mínima idea de las voces que han pasado por la escena rockera en los últimos 40 años. No. Ellos están pez porque esa música ni la escuchan ni les gusta, incapaces de dilucidar por sí mismos si alguien con esa voz es un todo terreno o un todo camino. Simplemente han sido víctimas nuevamente de la manipulación mediática.
 Han sido convencidos como borregos de que lo que estaban contemplando era algo especial, y claro, como ellos no tienen ni idea, por supuesto han caído de lleno.

 Que si, que el chaval canta bien, se le da muy bien la disciplina de un grito aquí y un falsete allá, pero en un registro que dentro del mundillo es de lo más normal, tirando a común y acabando en simple.
 Pero lo peor de todo es que a él también le han vendido la moto de que ahora le van a ofrecer una carrera discográfica, y que se van a poner en Universal a componerle un disco de canciones de las suyas, de heavy metal, vamos… Para sacarlo al mercado español… Si. Seguro que le dejan grabar un disco con canciones de rock potente para que se sienta realizado, sin pensar en lo que más vende en este país.
 Estaremos impacientes por escuchar ese discazo rockero que le van a dejar grabar. Porque, después del bombo que le han dado, tendrá que estar como poco a la altura de la carrera de Robert Plant en solitario ¿No?

martes, 11 de diciembre de 2012

Rufus Party vs Adams Sensations



 Entre el telonero de lujo Adam Cohen, digno heredero de los talentos de su padre, y el excéntrico cabeza de cartel Rufus Wainwright, al que no le importa nada acabar siempre alardeando de su plumón de primera calidad, se creó un ambiente entre famliar y excepcional que nos hizo disfrutar al máximo.
 Tanto nos gustó, que salimos de la Riviera rememorando a qué conciertos habíamos ido en el año porque éste era gran candidato para convertirse en el mejor de 2012.
 Con Rufus siempre hay que tener en cuenta el factor sorpresa. Sabes como empieza pero nunca sabes como va a terminar. Para muestra un botón:

El dios Apolo y su bacanal -Fotos cedidas por Poisonthebest-.
 
 Eso, junto con su música de calidad, hace que se meta a la audiencia en el bolsillo con tan solo un chasquear de dedos.
 Es indudable que con este señor se acierta siempre. Buenas canciones, mucho talento y un toque festivo ideal.
 
 A todo esto hay que añadir la sorpresa de llevar de telonero a Adam Cohen, quien poco a poco, y con calma –porque se está tomando su carrera musical con tranquilidad-, nos va demostrando que tiene bastante más talento y encanto personal que solo un apellido.
 Sus canciones son buenas y él tiene el magnetismo justo. No puede ser más agradable. Además de ser un gran showman, demostrándolo con sus gracias, contadas en español para nuestro deleite, entre canción y canción.
 Así nos puso al tanto de su estrecha relación con Rufus, unidos por un vínculo de sangre, y nos comentó que él era hijo de un personaje muy famoso de Montreal, de ¡Celine Dion! –Siempre está con coñas sobre esto-.
 El hombre tiene muchos talentos y no entiendo por qué no se ha prodigado más por aquí. Esperemos que vuelva pronto.

 Por otro lado, está la comparación con su padre que es inevitable. Pero a mi me resultaron más curiosos sus parecidos en las pequeñas cosas, como esa manía que tienen los Cohen de presentar a TODO el grupo. Presentan hasta al apuntador, después de los músicos, ingenieros de sonido, ingenieros de luces, etc… Se ve que le han enseñado bien desde pequeño.
 Además está su gran parecido físico. Es como el Leonard de los 70’. Lo que se hacía un poco raro a veces al mirarle a los ojos.

 En resumen, si lo que vimos de Rufus y Adam la otra noche es el “estilo canadiense”, yo me apunto ya para siempre.
 De hecho, Rufus Wainwright volverá en Julio para un concierto en el Teatro Real con orquesta y estoy pensando en prostituirme para coger una buena localidad.

domingo, 2 de diciembre de 2012

Navidad de contrastes

 Este año, más que unas navidades blancas, a una gran mayoría de gente les espera unas navidades sin blanca. Y yo me pregunto si es ético que el resto de nosotros pasemos estas fechas mirando hacia otro lado, viviendo la frivolidad de la época navideña y fingiendo que aquí no pasa nada.
 El otro día, paseando por el centro de Madrid, me encontré de bruces con la mejor estampa para resumir en sólo dos imágenes la situación en la que nos encontramos. Esto estaba pasando en la misma calle de la misma ciudad, a tan solo unos metros de distancia:


 Estos dos reflejos de las dos vidas paralelas que lleva este país y que llevará por mucho tiempo.
 Cuando me di cuenta de las dos escenas en su conjunto fue como recibir un golpe de realidad. En esto nos hemos convertido.

 Peor fue cuando, al acercarme al espectáculo de Cortilandia, me fijé en una figura que parecía estar lanzándome un mensaje. Me indicaba que nos despidiéramos de todo lo que fuimos o podríamos haber sido, porque nuestros sueños e ilusiones, nuestra posibilidad de haber tenido una vida estable y haber crecido aquí, nos las están tirando a la basura poco a poco: -Adiós, despedíos de ese famoso llamado "estado del bienestar", del bien común, porque nos deshacemos de él por vosotros.


 No sé de qué demonios irá la canción de Cortilandia este año, con ese circo que tenían montado imposible de descifrar, pero no me digáis que este monigote no tiene guasa con lo que os acabo de comentar.
 Igual vosotros lo veis y os expresa otra idea, pero cuando yo me fijé en él, ese fue el mensaje que me vino a la cabeza. Adiós juventud, adiós posibilidades, adiós ideas, adiós vida plena.

 Intentaré alegrar la fiesta en las próximas entradas, pero de momento esto es lo que hay.

¡Felices Fiestas!


lunes, 12 de noviembre de 2012

Gaslight Anthem. Soberbios en el infierno.

 Curso básico de Lengua: Lección 1. ¿Cómo se denomina a un promotor que agota las entradas del concierto para un recinto ridículo y no se le ocurre cambiarlo de sala y vender más? Gilipollas.
¿Y quiénes tuvimos que sufrir las consecuencias? Los de siempre.

 La "sala" Cats no se yo si denominarla como sala. Es una discoteca con el tamaño perfecto para los pin y pon, si, pero no para personas.
Si solo hubiese sido las dimensiones espaciales tampoco sería muy reprochable, ya que en Madrid existen muchos locales así –o peores- que se meten a prestarse para conciertos. La cuestión es que en este caso hay más, mucho más. Tanto como para no volver a poner mis pies en ese antro. Ya puede venir quien venga que a mi allí ya me han visto.

 El principal problema fueron unos pilares a ambos lados de la pista que te cancelaban la visión del escenario a nada que te fueses un poco del centro hacia los lados, dejando la visibilidad menguada a la mitad del número oficial de aforo.
 Todo esto sin contar con que la "sala" es alargada y el escenario estaba más bien bajo. Entre otras cosas porque un escenario más alto no hubiese permitido a un humano de tamaño medio subirse encima sin darse con el techo.

 A todo esto se sumó el infierno de que el recinto estaba reventado de gente, las entradas se habían agotado y los que habíamos conseguido una a tiempo luchábamos por ver algo más que la boina de uno de ellos. Con ese propósito, matábamos por estar desde el ángulo muerto de los pilares hacia el centro.
 Lo suyo habría sido cambiarlo de sala y haber seguido haciendo caja, pero parece ser que alguien no se ando muy listo con eso.
 Para colmo, por si éramos pocos, el viernes por la noche debieron dar día de descanso a todos los jugadores universitarios de baloncesto de Madrid y para allá que se fueron.
 Hubo un momento en el que nos sentimos como setas al cobijo de un árbol.


 Pero lo más preocupante fue sin duda la puerta de acceso a la sala.
 Al acabar el concierto, el desalojo fue bastante agobiante porque las puertas de este sitio, al no ser un recinto para conciertos ni espectáculos con afluencia de público, sino una discoteca de mierda, no estaban diseñadas para que todo el mundo quisiera largarse de allí a la vez.

 En estos días que se está hablando tanto de las medidas de seguridad en los acontecimientos masivos de este tipo, a consecuencia de la tragedia del Arena, me gustaría que se hablara un poco de los acontecimientos “menos masivos” de este tipo también, porque hay mucho de lo que hablar al respecto.
 Para empezar, los que deberían encargarse de esas famosas "inspecciones", junto con los que se encargan de dar esas "licencias para todo" deberían darse un paseo real por muchos de los sitios a los que vamos nosotros a ver un concierto, en teoría menos multitudinario, pero igual de concurrido en ocasiones.
 Porque en este tipo de conciertos, si algún día pasara algo, las salas serían auténticas trampas mortales.
 Nunca hay personal de seguridad. Son pocas en las que lo hay, y cuando están, son del todo insuficientes. Sin contar con que jamás en mi vida he visto en ningún acto de éstos ningún tipo de ambulancia o asistencia sanitaria preparada por lo que pueda pasar, cuando se supone que deberían estar ahí ¿no?
 Pero es mejor no pensarlo. Si no, no volveríamos a ningún concierto y eso tampoco es vida.

 Lo que más me fastidió es que Gaslight Anthem dieron un conciertazo sublime pero yo solo les ví a ratos. El resto del tiempo veía cabezas, o veía entre medias de ellas.
 Estos chicos están a punto de petarlo a lo grande como le ha ocurrido antes a otros grupos que de repente han pegado el gran salto. Se me ocurre como ejemplo la historia de The Black Keys quienes, después de una carrera, se han ganado a la masa con sus dos últimos discos. Y cuando ya solo toquen en grandes recintos o en macro festivales de verano, podremos decir por una vez que los vimos en su momento, en una sala de mierda.
 Bueno, podremos decir que los vimos ahí, aunque solo les viésemos a ratos.

 Estoy segura de esto más que nada porque el público de la otra noche era de una variedad cantosa, gente de lo más distinta. Era un público de festival. Había de todo. Y si al final tú le gustas a todos y tu música es fácil de escuchar -de lo más pegadiza-, lo lógico es que en algún momento pegues el salto definitivo.

 A quien no le parezca, puede irse escuchando 59'Sounds, para mí su disco más redondo. Pero a mi ya me han convencido.
 Hice una predicción el viernes por la noche tras disfrutar de ese gran show que dieron. Aquí la dejo para ver si se cumple. Les veo el verano próximo en el cartel de algún festival importante como Benicassim por ejemplo, y la próxima vez que visiten Madrid, en el Palacio de los deportes.
 Si tienen la radio fórmula perfecta ¿cómo no les va a pasar?

jueves, 8 de noviembre de 2012

El Gran Homenaje de Burton

 En FRANKENWEENIE Tim Burton se queda a gusto con los homenajes.
 Y no lo digo solo por el que salta a la vista, que es la graciosa revisión que ha hecho del clásico Frankenstein de 1931 y de La Novia de Frankenstein de 1935 -en uno de los momentos-. Sino porque la peli es una hora y media de alusiones y homenajes al cine de terror a diestro y siniestro.

 Es toda una declaración personal de amor por este mundo de serie B.
 Con cariño se recuerda a Vincent Price y Bela Lugosi, gracias a la ayuda de Martin Landau, quien también con ello es así mismo homenajeado.
Pero también a Boris Karloff o Lon Chaney y a las grandes criaturas del género.
 Quien iba a decir que de la idea de su segundo corto realizado en 1984 iba a poder obsequiarnos 28 años después con este regalo. 

 Por eso os animo a verla y pasar un rato agradable intentando destapar todos estos entresijos.
Porque para todo gran amante del cine de terror, esta es la peli que soñamos poder poner algún día a nuestros pequeños vástagos :D